“Porque no hará nada Jehova el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. Amos 3:7.

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La creación estaba ahora completa. “Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento.” “Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.” Génesis 2:1; 1:31. El Edén florecía en la tierra. Adán y Eva tenían libre acceso al árbol de la vida. Ninguna mácula de pecado o sombra de muerte desfiguraba la hermosa creación. “Las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios.” Job 38:7.

El gran Jehová había puesto los fundamentos de la tierra; había vestido a todo el mundo con un manto de belleza, y había colmado el mundo de cosas útiles para el hombre; había creado todas las maravillas de la tierra y del mar. La gran obra de la creación fué realizada en seis días. “Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo, y santificólo, porque en él reposó de toda su obra que había Dios criado y hecho.” Génesis 2:2, 3. Dios miró con satisfacción la obra de sus manos. Todo era perfecto, digno de su divino Autor; y él descansó, no como quien estuviera fatigado, sino satisfecho con los frutos de su sabiduría y bondad y con las manifestaciones de su gloria.

Después de descansar el séptimo día, Dios lo santificó; es decir, lo escogió y apartó como día de descanso para el hombre. Siguiendo el ejemplo del Creador, el hombre había de reposar durante este sagrado día, para que, mientras contemplara los cielos y la tierra, pudiese reflexionar sobre la grandiosa obra de la creación de Dios; y para que, mientras mirara las evidencias de la sabiduría y bondad de Dios, su corazón se llenase de amor y reverencia hacia su Creador.

Al bendecir el séptimo día en el Edén, Dios estableció un  recordativo de su obra creadora. El sábado fué confiado y entregado a Adán, padre y representante de toda la familia humana. Su observancia había de ser un acto de agradecido reconocimiento de parte de todos los que habitasen la tierra, de que Dios era su Creador y su legítimo soberano, de que ellos eran la obra de sus manos y los súbditos de su autoridad. De esa manera la institución del sábado era enteramente conmemorativa, y fué dada para toda la humanidad. No había nada en ella que fuese obscuro o que limitase su observancia a un solo pueblo.

Dios vió que el sábado era esencial para el hombre, aun en el paraíso. Necesitaba dejar a un lado sus propios intereses y actividades durante un día de cada siete para poder contemplar más de lleno las obras de Dios y meditar en su poder y bondad. Necesitaba el sábado para que le recordase más vivamente la existencia de Dios, y para que despertase su gratitud hacia él, pues todo lo que disfrutaba y poseía procedía de la mano benéfica del Creador.

Dios quiere que el sábado dirija la mente de los hombres hacia la contemplación de las obras que él creó. La naturaleza habla a sus sentidos, declarándoles que hay un Dios viviente, Creador y supremo Soberano del universo. “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la expansión denuncia la obra de sus manos. El un día emite palabra al otro día, y la una noche a la otra noche declara sabiduría.” Salmos 19:1, 2. La belleza que cubre la tierra es una demostración del amor de Dios. La podemos contemplar en las colinas eternas, en los corpulentos árboles, en los capullos que se abren y en las delicadas flores. Todas estas cosas nos hablan de Dios. El sábado, señalando siempre hacia el que lo creó todo, manda a los hombres que abran el gran libro de la naturaleza y escudriñen allí la sabiduría, el poder y el amor del Creador.

 

Patriarca y Profetas, (Ellen G. White) pp.28,29.

Entendiendo la Muerte

Entendiendo la Muerte [1] Nuestra naturaleza

Mirá este video porque te ayudará a entender el estado de los muertos desde la perspectiva bíblica. Es el primer capítulo de una serie que te quitará el temor y te llenará de esperanza.

Producido por: http://www.youtube.com/diloalmundo
Exposición: Ing. Martín Diab
Guión y edición: Cr. Noé AguilarEntendiendo la Muerte [1] Nuestra naturaleza

Naciones Unidas Los líderes de la iglesia enfatizan el valor de la voz adventista en las discusiones sobre la paz y la promoción de la dignidad humana.

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[fotografía: Bettina Krause/IRLA]

Naciones Unidas Los líderes de la iglesia enfatizan el valor de la voz adventista en las discusiones sobre la paz y la promoción de la dignidad humana.


La Iglesia Adventista del Séptimo Día es una de las líderes de una discusión sobre la paz en las Naciones Unidas. En ese marco, uno de los líderes de la iglesia dijo ante un importante simposio que la paz significa mucho más que tan solo la ausencia de guerra.

Ganoune Diop, director de asuntos públicos y libertad religiosa de la Iglesia Adventista mundial, efectuó esas declaraciones durante una presentación ante 130 representantes de diversas agencias de la ONU, junto con organizaciones religiosas y no gubernamentales, en el tercer simposio anual sobre el papel de la religión y los grupos religiosos en los asuntos internacionales. El evento, llevado a cabo en el edificio de la ONU en Nueva York el pasado 23 de enero, estuvo copatrocinado por la Iglesia Adventista.

“La construcción de la paz no es un emprendimiento estrecho”, dijo Diop en su primera presentación del día. “Significa considerar e involucrarse con todo el espectro de la vida humana, ya sea espiritual, moral y físico. Sí, la paz requiere la ausencia de violencia, pero también requiere la presencia de todo lo necesario para sustentar la dignidad humana”. Es por ello, añadió, que los prerrequisitos para la paz incluyen las necesidades de la vida —refugio, alimento, trabajo— así como la libertad de toda coerción y temor.

Cada vez es más acuciante la necesidad de que haya pacificadores, dijeron muchos de los presentadores, que incluyeron al doctor Jeffrey Haynes, director del Centro para el Estudio de la Religión, el Conflicto y Cooperación en la Universidad Metropolitana de Londres. Haynes citó estadísticas que muestran una intensificación de los conflictos globales en años recientes. En 2008, unas 56 mil personas murieron en el mundo por causa de conflictos, y el número creció hasta alcanzar 125 mil en 2014. En 2015, el último año del que se tienen cifras, se estima que 180 mil personas perdieron la vida como resultado directo de los conflictos, lo que representa el número mayor desde el genocidio de Ruanda en 1994.

Durante la tarde, un panel de oradores de las Filipinas y Colombia —dos países asediados durante mucho tiempo por sangrientos conflictos civiles— recordó a los asistentes que la paz requiere mucho más que teorías académicas o diplomacia de alto nivel.

“La obra de buscar la paz salva vidas”, dijo Jesús Dureza, Asesor Presidencial para el Proceso de Paz en las Filipinas. Esta idea —la significación de vida o muerte que tiene la búsqueda de la paz— fue repetida por el doctor Miguel Ceballos Arevalo, decano de la Facultad de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda en Bogotá, y ex viceministro de Justicia de Colombia.

Otros presentadores del simposio hablaron de la inmensa contribución que las organizaciones religiosas pueden hacer tanto en la mediación de conflictos, como a la hora de ayudar a construir sociedades sólidas y estables que apoyen la paz.

Su Excelencia Pekanbaru Metso, embajador general de diálogo intercultural e interreligioso de Finlandia, dijo que los gobiernos no deberían subestimar “el papel y la influencia significativos de la religión en la sociedad, aun en esta era denominada secular”.

Por su parte Adama Dieng, el asesor especial del secretario general de la ONU para la prevención del genocidio, instó a las organizaciones civiles, incluidas las organizaciones religiosas, que “se apresten a apoyar a los gobiernos en la tarea de alimentar y proteger los derechos humanos de los ciudadanos, y a construir sociedades pacíficas e inclusivas”. Dieng enfatizó la amplia influencia de las organizaciones religiosas en la sociedad, y animó a las organizaciones religiosas para que asuman el liderazgo en la promoción de la paz. “Puede que las acciones de un individuo parezcan sumamente insignificantes”, dijo, “pero juntos, colectivamente, podemos dar pasos significativos hacia la paz”.

En declaraciones posteriors, Diop enfatizó el valor de que en la ONU se escuche la voz y la perspectiva adventistas. “Tenemos contribuciones prácticas y teológicas significativas que hacer en la discusión pública sobre la paz y la promoción de la dignidad humana”, dijo Diop. “Como organización global, tenemos una cartera de servicios —que incluyen el área educativa, espiritual, de salud y humanitaria— que contribuyen a fomentar comunidades saludables”. Todas estas instituciones y servicios, dijo, dan testimonio de los esfuerzos adventistas de “mejorar la vida de las personas y afirmar el valor de cada ser humano”.

El departamento de asuntos públicos y libertad religiosa de la Iglesia Adventista mundial fue uno de los tres organizadores del simposio, que también estuvo patrocinado por la Fuerza Especial Interagencias de la ONU para la Participación con las Organizaciones Religiosas, y la Secretaría de Prevención del Genocidio de la ONU.

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